miércoles, 31 de mayo de 2017

Cómeme las penas.

A veces, que tonta, pienso que solución para no escuchar mis pensamientos es, simplemente, subir el volumen de la música.
Pero siempre me acabo montando una fiesta con mis demonios.

Alguien a quien no debí, pero quise, me dijo hace unos días que siempre hago daño a la gente que me quiere. Que el karma me lo hizo pagar una vez y que pronto habría una próxima.
Le di una calada larga al cigarro, para ponerle las cosas sencillas a eso que llamas karma.

Como coño me dices algo así, a mi, que espero a la mala suerte con lencería, a cuatro patas y con carita de niña buena porque así me folla más duro.
Y ya sabes que para dura; mi vida.

-Cuando tú dices que te gusta como me río
se me olvida como he llorado antes-




Si duelo no me queráis, joder...Si yo nunca quise que me quisieran. Si prefiero los chupitos en garitos cutres que los cafés en cafeterías cursis. Si prefiero que me llamen "zorra" antes que "preciosa", joder, es que no hay ni punto de comparación.
Si yo...joder.
Como coño os cuento que prefiero que me dejen el culo bien rojo a las caricias.

Igual es porque estoy casi convencida de que esta vida que vivo no es la mía. Hostia...¿Habéis visto a esta tía? Normal que esté acabada, si tiene pinta de no haber visto el sol en su vida. Seguro que es de las que se tatúan porque les mola el arte y su puta creatividad se reduce a dibujar pollas en el vaho de las ventanas del bus.  Es como...como si me hubiera equivocado de camino y de pronto me viera en una rotonda sin salida. Es como si...  como si estuviera viviendo la vida de una yonki adicta a masturbarse que piensa que con una copa de Verdejo y un teclado hace algo lejos de dar pena.

Pero que coño te voy a contar yo.
Ayer me preguntaron si estaba enamorada.
Respondí que no lo sabía, que yo sólo quería ser todos los botones que tocaba para encender cosas.

Pero seguro que podéis perdonarme. A veces escondo las palabras para no encontrarlas; así es mejor.
Yo me perdoné hace cinco años.
Mi vida hizo "crack" y recogía todos mis pedazos
mientras el resto, que es así como os llamo a la gente normal,
mirabais al cielo porque era bonito
y tiene estrellas.
Yo no tengo estrellas...
Sólo lunares, alguna cicatriz con alguna mentira de por medio, un par de dientes rotos y una boca que me sirve de pistola.
El cielo tiene luna.
¿Quien coño va a competir contra eso?

Dudé haber visto algo antes de aquello. Pensé que aquella era la primera vez en mi vida que usaba mis ojos para ver. No supe reaccionar, no supe entenderlo. Vi, joder, vi rojo. Y la película "El Bosque" me hizo aprender a correr cuando hay rojo. Vi rojo y luego entendí sangre. Sangre significa dolor, siempre.
Hay días, incluso, en los que sangro sin darme cuenta, sin salpicarme una gota; pero se que sangro porque me duele todo.

Tenía las manos manchadas de sangre y desvié la vista hacia el suelo. Estaba goteándolo. Nunca supe a que olían las peonías hasta que un día me caí con el patinete encima del ramo de peonías de una señora que pasaba por el parque. Le dije que olían bien mientras ella me mataba con la mirada. Bien. No sé como huele la sangre, nunca me he caído encima de un cadáver posguerra. Quería saberlo así que acerqué las manos a la nariz.
Olía a mi. Llevaba unos días oliendo igual, semanas, meses, e igual dos o tres años. Olía a sangre. Ahora a peonías.

Pronto, o igual tarde, ya sabes, el tiempo y el puto relativismo de los cojones...Me di cuenta de que la sangre salía de mi boca. "Ojalá mis piños sigan estando igual de deformados" pensé.
Levanté la vista del suelo, quería ver que había pasado. Y joder, con pedazo de muro me la pegué.

Tenía nombres y apellidos, algunos años más que yo, el pelo rubio, los ojos verdes, y el alma negra. Supongo que con esto último me bastaba.

Me dijo "te quiero tía"
"pues quiéreme" le respondí.


Joder, todavía hay peña que se pregunta porque me da miedo el amor. El...coño, abrir los ojos otra vez. Que ya no quiero ver, por favor.

No recuerdo en que momento reaccioné por fin. No recuerdo de donde saqué la fuerza para salir corriendo.
Era Diciembre. 
Odio Diciembre.


Corrí a través de un bosque. Y de repente todos los árboles eran el mismo, de repente, joder,  sentí la tierra, el fango, las piedras, en mi cara, en mi cuerpo. Oí como lo que creía que eran mis huesos crujían, estaba muerta, pero fueron los palos, las piedras...

Tenía arena los ojos, pero quería ver.
Escuché mi nombre, gritado.
Yo no sabía que era yo. Odio que me llamen por mi nombre, me da miedo.

Me vi la manga de la camisa blanca sucia, las manos manchadas de sangre, con tierra, con mierda pegada...
Y pensé
"Si esto es lo último que voy a ver, esta bien, lo acepto".




Pero si quieres,
sólo si te atreves,
te invito a presencies conmigo
todas las muertes 
de esta tía
a la que veces llamas "amor"
por no llamarla Laura.




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