sábado, 1 de agosto de 2015

Hacernos el amor y daño con las mismas palabras.




-Esto ya lo hemos hecho antes, pero de otra forma. Le digo.

Y seguimos, desnudándonos sin dejar de mirarnos fijamente a los ojos.

-Te he imaginado así tantas veces...-Mi voz se queda en susurro.- Y por fin...

Te he escrito tanto, tantas veces, que permíteme que  ahora que te tengo delante, sin nada más que centímetros de distancia, me quede sin palabras.

Y entonces parpadeo, y al abrir los ojos estás más cerca, me coges en brazos, mi espalda contra la fría pared, y al otro lado tú. Que no eres fuego, pero quemas.

-Y yo deseo arder; ser ceniza-


Me sigues mirando, y empiezas a hacerme el amor, sin necesidad de tocarme más allá del corazón, te acercas a mis labios, sin besarme, y entonces entiendo lo doloroso que debe ser morir cayendo de un quinto piso y de cabeza.

Pero eres muerte, y eres vida. Y me besas para dejármelo bien claro.


Joder,
me besas...

(Debe ir escrito así porque es poesía, no hace falta que lo jure).

-Vuélveme a besar, que todavía no lo he acabado de entender del todo...-

Y...
Ahora cada vez que necesito perderme, te busco. 
Dime, si tienes huevos, que eso no es estar atrapada. Que sólo me siento libre si me coges sin intención de soltarme...

Quiero que no me sueltes
y que me digas que estás ganas de no vestirnos nunca
es eso a lo que otros llaman amor.




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